
La televisión se ha convertido en uno de los grandes escaparates donde se cruzan ciencia, bienestar y promesas de vida larga. Programas de investigación, docuseries, entrevistas y espacios de divulgación están llevando el concepto de biohacking y longevidad al público general, mezclando historias inspiradoras, datos científicos y, en ocasiones, mucho marketing.
Hoy en día, millones de espectadores descubren a través de la pantalla ideas como el biohacking del estilo de vida, la edad biológica o los protocolos anti-edad. Desde formatos de investigación en España hasta producciones en Latinoamérica o documentales internacionales, la narrativa gira en torno a una misma pregunta: ¿hasta dónde podemos prolongar la vida, ya sea comparando con especies longevas como las tortugas, y, sobre todo, cómo podemos hacerlo sin perder calidad?
Homolongevus y el auge del periodismo de longevidad en México
En México, una de las figuras más destacadas en este terreno es la periodista e investigadora Beatriz Evangelista, que ha llevado el concepto de longevidad a la televisión abierta con un enfoque muy particular. Tras una larga trayectoria en programas emblemáticos como «60 Minutos», «Hoy Mismo» y «Eco Noticias», se ha consolidado como una voz de referencia en periodismo de salud y envejecimiento saludable.
Su proyecto más ambicioso gira en torno a la idea del «Homolongevus: 100 años y más», una producción realizada en coproducción con Maussan Televisión. Esta propuesta televisiva no se limita a hablar de consejos de salud tradicionales, sino que introduce un concepto más profundo: el Homolongevus como símbolo del ser humano del siglo XXI, alguien que no solo quiere vivir más tiempo, sino vivir mejor y con un nivel de bienestar físico y mental muy elevado.
Para Evangelista, el Homolongevus no es simplemente una persona longeva, sino un individuo que decide participar activamente en su propia biología. Es decir, alguien que adopta estrategias de prevención, de biohacking responsable y de optimización del estilo de vida para alcanzar un envejecimiento mucho más óptimo. Este enfoque entronca directamente con la idea moderna de que no basta con sumar años al calendario: la clave está en sumar calidad a esos años.
El programa se presenta como una combinación entre periodismo de investigación, testimonio humano y divulgación científica. A través de entrevistas y reportajes, se exploran herramientas de optimización biológica, desde cambios en la nutrición, como la elección de proteínas y funciones básicas, hasta prácticas de regeneración física, siempre buscando mostrar que la longevidad saludable ya es una realidad en marcha y no un sueño futurista inalcanzable.
Como parte de la estrategia de lanzamiento, Maussan Televisión ha emitido cápsulas especiales de expectativa que sirven de antesala al estreno de la nueva temporada. Estas pequeñas piezas reconocen la trayectoria de Beatriz Evangelista y ofrecen un adelanto de las historias de los llamados «biohackers del estilo de vida» que participan en el programa, reforzando la idea de que la televisión puede ser una plataforma potente para inspirar cambios de hábitos.
Biohackers del estilo de vida: historias reales que desafían la edad
Uno de los grandes reclamos del formato de Evangelista es la presentación de casos reales de personas que aseguran haber transformado su biología y apariencia mediante cambios profundos en su estilo de vida. Estas historias sirven para mostrar que el concepto de «anti-edad» y longevidad activa no se queda en teorías de laboratorio, sino que se plasma en vidas concretas.
Entre los protagonistas que aparecen en estas cápsulas y en la nueva temporada se encuentran perfiles muy llamativos. Por ejemplo, se presenta el caso de una mujer de 50 años con apariencia de 30, que compartirá el conjunto de rutinas, alimentación y prácticas que, según ella, han permitido mantener un aspecto notablemente más joven que su edad cronológica. Esta historia funciona como ejemplo de cómo el biohacking del estilo de vida puede repercutir en la percepción visual del envejecimiento.
Otro participante clave es un vegano con un enfoque bioenergético, que asegura haber «hackeado» el envejecimiento prematuro modificando radicalmente su alimentación. Su experiencia gira en torno a la idea de que una dieta basada en plantas, cuidadosamente diseñada, puede reducir procesos inflamatorios, mejorar marcadores metabólicos y contribuir a una sensación subjetiva y objetiva de rejuvenecimiento.
También se relata el caso dramático de un hombre al que, con 28 años, le habían pronosticado una muerte inminente. Décadas después, con 55 años, continúa vivo, se considera sano y, además, se muestra con una apariencia jovial y activa. Su historia refleja el peso de la determinación personal, de los cambios de estilo de vida y de la búsqueda de alternativas cuando la medicina convencional ofrece un pronóstico muy pesimista.
Por último, destaca la presencia de Luis Álvarez, una auténtica leyenda del Ironman. A sus 64 años, ha completado 216 pruebas Ironman, un logro descomunal incluso para atletas mucho más jóvenes. Además, continúa realizando desafíos extremos, como escalar la montaña más alta de Oceanía, lo que le ha permitido batir nuevos récords mundiales y dejar en evidencia los prejuicios sobre la llamada «tercera edad». Su participación pone el foco en cómo el entrenamiento constante, la resiliencia y la mentalidad pueden convertirse en herramientas de longevidad.
En conjunto, estos testimonios televisivos construyen una narrativa poderosa: la idea de que, mediante el biohacking aplicado al día a día, es posible desafiar los límites que tradicionalmente se han asociado a la edad cronológica. Aunque cada caso tiene sus matices y su contexto, la televisión los presenta como inspiración para una audiencia que busca vivir más y mejor.
Difusión multiplataforma: de la TV abierta a YouTube
La apuesta por la longevidad y el biohacking en televisión no se limita a una única ventana de emisión. En el caso de «Homolongevus: 100 años y más», el estreno oficial se programó para un domingo a las 12:30 horas (horario de Ciudad de México), con una cobertura multiplataforma pensada para maximizar el alcance tanto a nivel nacional como internacional.
En televisión abierta, el programa se emite a través del canal 3.3 a nivel nacional, lo que garantiza que cualquier persona con acceso a señal abierta pueda sintonizar el contenido sin necesidad de plataformas de pago. Esta presencia en la TDT mexicana refuerza la vocación de divulgación masiva del proyecto.
Además, la producción está disponible en varios sistemas de televisión de pago, como Total Play (canal 355), Star TV (canal 195) e Izzi (canal 419). Esta presencia en cable y operadores de fibra permite llegar a hogares que consumen mayoritariamente contenidos de pago y que, en muchos casos, tienen un perfil de consumo muy intensivo de televisión temática.
El componente global se apoya en la emisión mediante el canal oficial de Maussan Televisión en YouTube, una vía fundamental para quienes viven fuera de México o prefieren ver los programas a demanda. Al estar disponible 24 horas en una plataforma digital tan extendida, la serie puede ser consumida por usuarios de cualquier país y en cualquier horario, lo que amplifica enormemente el potencial de difusión del mensaje sobre longevidad saludable.
Maussan Televisión se presenta, en este contexto, como un canal centrado en ofrecer «buena televisión», combinando contenido de misterio, ciencia y bienestar. La repetición de su disponibilidad en el canal 3.3 de señal abierta y en operadores como Izzi (415 en algunas parrillas), TotalPlay (355) y StarTV (195), junto a su emisión continua en YouTube, muestra una estrategia clara de estar presente allí donde el espectador consuma contenido, sea en la pantalla del salón o en el móvil.
Esta forma de distribución múltiple no solo aumenta el impacto del programa, sino que refleja cómo la temática de biohacking y longevidad se ha convertido en un contenido atractivo para diferentes nichos de audiencia: desde el espectador tradicional de televisión hasta el usuario intensivo de plataformas digitales.
El biohacking de proximidad: el caso de Fran Cuesta y el «Longevihacker»
En España, el biohacking y la longevidad también han encontrado un altavoz importante en la televisión a través de programas de reportajes e investigación. Uno de los casos más llamativos es el de Fran Cuesta, presentado por el programa «Equipo de Investigación» como un biohacker que ha convertido su propio cuerpo en un laboratorio con un objetivo muy claro: arañar años de vida y mejorar su rendimiento físico y mental.
La rutina diaria de Fran, tal y como se muestra en televisión, está extremadamente estructurada. Comienza la mañana bebiendo un vaso de agua con sal del Himalaya, con la idea de recuperar los electrolitos perdidos durante la noche. Después, se aplica agua ácida en la cara para suavizar la piel y realiza 100 saltos en ayunas, convencido de que ese ejercicio activa su sistema linfático y ayuda a poner en marcha el organismo desde primera hora.
Su protocolo incluye también sesiones de contraste térmico, alternando calor extremo y frío intenso tres veces por semana, una técnica que muchos biohackers consideran útil para mejorar la circulación, modular la inflamación y potenciar la resiliencia física. A las dos horas de levantarse, Fran toma un zumo de apio o un café tipo Bulletproof, que mezcla café con grasa saludable, con la intención de acelerar el metabolismo y mantener niveles estables de energía.
La cocina de este biohacker está repleta de suplementos de todo tipo, desde vitaminas y minerales hasta compuestos más específicos. En el reportaje se destaca que Fran llegó a pesar 100 kilos, era fumador y consumía alcohol con regularidad. Con el tiempo, dio un giro radical a su vida y hoy se presenta como «Longevihacker» en redes sociales, donde cerca de 200.000 personas siguen sus consejos sobre cómo frenar el envejecimiento y mejorar la salud.
Su transformación se ha convertido también en un negocio. Fran ha desarrollado una supuesta metodología de 90 días para ralentizar el envejecimiento, con un precio aproximado de 1.000 euros. Sin embargo, el programa señala que sus referencias no son tanto médicos o ensayos científicos revisados por pares, sino gurús del biohacking como Bryan Johnson, lo que abre el debate sobre la base científica real de muchas de estas propuestas y la delgada línea entre recomendación de salud y producto comercial.
Bryan Johnson y el movimiento «Don’t Die» en la pequeña pantalla
La figura de Bryan Johnson, multimillonario de la tecnología y uno de los grandes iconos del biohacking contemporáneo, aparece repetidamente en los contenidos televisivos dedicados a la longevidad. En programas de investigación y documentales se le presenta como el hombre que asegura haber frenado su envejecimiento gracias a un protocolo exhaustivo y extremadamente caro.
Johnson lidera el movimiento conocido como «Don’t Die» («No morir»), que persigue alargar al máximo la vida humana desafiando los límites biológicos conocidos. Su estilo de vida está sometido a reglas casi militares: come exactamente lo mismo cada día, evita asumir riesgos innecesarios y sigue rutinas estrictas de sueño, ejercicio y suplementación. Su casa en Los Ángeles se muestra en televisión como una especie de laboratorio personal, donde todo está medido y monitorizado.
Los reportajes destacan que Johnson invierte alrededor de dos millones de dólares al año en tratamientos, pruebas médicas avanzadas, dispositivos de monitorización y protocolos orientados a revertir marcadores de envejecimiento. Esta cifra, evidentemente fuera del alcance de la mayor parte de la población, alimenta el debate sobre si la longevidad extrema está destinada a ser un lujo para unos pocos.
Uno de los proyectos más mediáticos de Johnson son las llamadas «Olimpiadas de la Longevidad», una especie de competición mundial para ver quién consigue la edad biológica más baja posible. Para participar se exigen al menos tres análisis de sangre en un periodo de dos años, en los que se miden más de 75 parámetros biológicos. Estos test se comercializan por más de 400 euros cada uno, lo que refuerza la dimensión de negocio que hay detrás de la narrativa de «biohacking de élite».
Además, Johnson ha creado su propia marca asociada a este universo, con merchandising, suplementos y productos de consumo cotidiano. Entre ellos, se menciona incluso un aceite de oliva virgen extra vendido a casi 30 euros la botella, que se promociona vinculándolo al estilo de vida de alta longevidad que él encarna. La televisión, al mostrar este tipo de iniciativas, pone de relieve cómo la búsqueda de la eterna juventud se mezcla con estrategias de branding y venta de productos supuestamente optimizados para vivir más.
Longevidad en España: de Josep María Mainat a los planes de clínicas privadas
El fenómeno del biohacking y la longevidad no se queda en Estados Unidos o México. En España, los medios de comunicación también han puesto el foco en figuras conocidas que buscan ganarle tiempo al tiempo. Un ejemplo recurrente es el del productor de televisión Josep María Mainat, que a sus 79 años ha invertido una suma muy elevada en protocolos de longevidad.
Los reportajes indican que Mainat habría dedicado más de 200.000 euros a un plan personal orientado a frenar el envejecimiento y mantener su salud en condiciones óptimas el mayor tiempo posible. Este tipo de inversiones muestran cómo, para determinados perfiles con capacidad económica, la longevidad se convierte en un proyecto casi empresarial, con chequeos constantes, tratamientos de última generación y una batería de intervenciones médicas y de estilo de vida.
Otro nombre que aparece vinculado a estas prácticas es el del futbolista Marcos Llorente, conocido por cuidar su alimentación, su descanso y sus rutinas de entrenamiento hasta el extremo para prolongar tanto su carrera futbolística como su bienestar general. Aunque su enfoque está muy ligado al alto rendimiento deportivo, los medios lo encuadran dentro de esa corriente de personas dispuestas a probar casi todo con tal de optimizar su cuerpo y su longevidad.
Detrás de este creciente interés hay también una industria sanitaria en expansión. Uno de los ejemplos que se muestran es el del doctor Hernández Poveda, un neurocirujano que ha abierto una clínica de longevidad en Palma. Según se explica, esta clínica ofrece planes personalizados con el objetivo de prolongar la vida y aplazar la muerte, algo que suena tan ambicioso como polémico.
En muy poco tiempo, Poveda afirma haber superado el centenar de pacientes, la mayoría de ellos menores de 60 años y aparentemente sanos, pero que buscan «algo más»: ganar años de vida en buen estado. El precio medio de estos tratamientos ronda los 5.000 euros e incluye un chequeo exhaustivo, análisis avanzados y un plan de longevidad personalizado que, según la promesa, podría añadir una década más de vida, o incluso dos. No obstante, los reportajes advierten de que nadie ha vivido aún lo suficiente como para demostrar de forma fehaciente que esas promesas se cumplen.
La televisión se convierte así en un escaparate donde se visibiliza esta nueva economía de la eterna juventud, que mezcla medicina privada, biomarcadores de envejecimiento, protocolos complejos y una narrativa aspiracional que seduce a quienes desean mantenerse jóvenes el mayor tiempo posible.
Escepticismo científico: la voz crítica en los programas de investigación
Frente al entusiasmo casi ilimitado de algunos biohackers y promotores de la longevidad extrema, la televisión también da espacio a voces críticas de la comunidad científica. En el caso del programa «Equipo de Investigación», se entrevista a Salvador Macip, investigador vinculado a la Fundació Pasqual Maragall, que se encarga de matizar muchas de las promesas de inmortalidad o juventud eterna que se exhiben en pantalla.
Macip subraya que la ciencia no funciona a base de atajos ni de protocolos milagrosos aplicados a una persona concreta. Para demostrar que una intervención realmente modifica el proceso de envejecimiento, se necesitan años y años de experimentos diseñados con rigor, ensayos clínicos controlados y replicación de resultados. Es decir, un camino largo y complejo, alejado de la idea de que basta con copiar el protocolo de un influencer para obtener los mismos resultados.
El investigador cuestiona directamente a figuras como Fran Cuesta o el propio Bryan Johnson cuando se presentan casi como garantes de juventud eterna. Aunque reconoce que muchos de los hábitos que promueven (hacer ejercicio, dormir bien, reducir el estrés, cuidar la alimentación) son positivos, insiste en que atribuirles la capacidad de garantizar una década extra de vida es, como mínimo, una exageración sin base científica sólida.
Este contraste entre la narrativa televisiva de historias espectaculares y la postura más moderada de los científicos aporta un equilibrio necesario. La televisión de investigación intenta así mostrar tanto el lado aspiracional del biohacking como sus límites reales, evitando que el espectador asuma que cualquier producto caro o protocolo complejo sea automáticamente sinónimo de ciencia validada.
En paralelo, los programas también ponen sobre la mesa la cuestión ética: ¿hasta qué punto es legítimo vender protocolos de miles de euros prometiendo ganar años de vida cuando no hay garantías sólidas? Esta pregunta, aunque no siempre obtiene una respuesta clara, recorre muchos de los reportajes sobre la industria de la longevidad.
La mirada internacional: documentales y horarios globales sobre longevidad
La fascinación por el biohacking y la vida larga no es patrimonio exclusivo de ningún país. Cadenas internacionales como DW Español también han dedicado documentales a explorar el auge de esta tendencia, siguiendo la pista de personajes que buscan vivir cientos de años o superar ampliamente los límites actuales de esperanza de vida.
En uno de estos programas, se muestra a una youtuber llamada Anastasia, cuya obsesión principal es mantenerse joven para siempre. Su presencia en el documental ilustra cómo el discurso de la longevidad ha calado con fuerza en las redes sociales, especialmente entre quienes combinan la creación de contenido con la experimentación personal en nutrición, suplementación, tratamientos estéticos y rutinas de bienestar casi obsesivas.
El documental también vuelve a centrarse en Bryan Johnson, presentando con detalle su programa radical «Not Die». En la pantalla se ve cómo organiza su vida en torno a estrictos hábitos diarios, minimizando cualquier tipo de riesgo físico y apostando por un control absoluto de su cuerpo y su entorno. La pregunta de fondo que lanza el documental es si esta forma de vida es realmente sostenible, realista y deseable para la mayoría de las personas.
Para facilitar el acceso a la audiencia internacional, DW Español emite este contenido en varios horarios, indicados en UTC y adaptados a distintas ciudades. Por ejemplo, se programan pases el miércoles a las 21:15 UTC, el jueves a las 02:15, 07:15, y el fin de semana en varias franjas (05:15, 13:15, 17:15, 10:15), además de un pase el lunes a las 19:15 UTC. Se incluyen referencias horarias para ciudades como La Paz (UTC -4), Buenos Aires (UTC -3) o Ciudad de México (UTC -6), lo que refleja el interés por llegar a una audiencia hispanohablante muy amplia.
Estos horarios globales evidencian que la temática del biohacking y la longevidad en televisión se ha convertido en un producto de exportación, capaz de interesar a espectadores de América Latina y Europa por igual. La combinación de historias personales, cifras llamativas y debate ético hace que estos documentales encajen bien en la parrilla internacional.
Biohacking y longevidad desde el enfoque de datos: el caso de Gary Brecka
Otro nombre que se ha colado en la televisión y en las plataformas de streaming es el de Gary Brecka, presentado como experto en biología humana y longevidad. En un episodio concreto (S1, E16) se revela su enfoque, centrado en utilizar los datos como herramienta para «hackear» el envejecimiento y maximizar el rendimiento del organismo.
Brecka parte de su experiencia en el estudio de la mortalidad para trasladar ese conocimiento a la optimización de la salud en personas vivas. Su discurso gira alrededor de la idea de que, si comprendemos con precisión qué factores biológicos acortan la vida, podemos actuar a la inversa para alargarla. Para ello, se recurre a análisis genéticos, medición de biomarcadores, estudios de hormonas y una serie de pruebas que permiten diseñar intervenciones muy personalizadas.
En el programa, se explica cómo pretende optimizar la genética de cada individuo, no en el sentido de modificar el ADN, sino de identificar qué variantes genéticas pueden suponer un riesgo o una debilidad y ajustar el estilo de vida y la suplementación en consecuencia. El objetivo es recuperar o amplificar la «energía vital», entendida como el nivel de funcionamiento óptimo del cuerpo y la mente.
Su enfoque entronca con la tendencia actual de la medicina de precisión y la nutrición personalizada, donde cada persona recibe recomendaciones basadas en sus propios datos. La televisión y las plataformas de streaming muestran este tipo de propuestas como el siguiente escalón de la salud preventiva, aunque, una vez más, queda abierta la cuestión de hasta qué punto estos protocolos son accesibles y están respaldados por suficiente evidencia a largo plazo.
Lo interesante de este tipo de episodios es que acercan al gran público conceptos como la epigenética, los biomarcadores de envejecimiento o el análisis de variaciones genéticas, que hasta hace poco estaban reservados a contextos muy técnicos. La narrativa televisiva los convierte en elementos de una historia personal sobre cómo recuperar la energía, rendir más y, quizá, vivir más tiempo.
En conjunto, el panorama televisivo actual dibuja un escenario en el que el biohacking y la longevidad se han convertido en auténticos protagonistas: desde periodistas como Beatriz Evangelista que exploran el concepto de Homolongevus con testimonios inspiradores, pasando por figuras mediáticas como Fran Cuesta, Bryan Johnson o Josep María Mainat, hasta clínicas especializadas y expertos como Gary Brecka que prometen personalizar la longevidad a golpe de datos. La pantalla muestra tanto el entusiasmo y las promesas de una vida más larga y plena como las dudas científicas y éticas que surgen alrededor de una industria en pleno auge, dejando al espectador con la tarea de filtrar, cuestionar y decidir qué parte de ese universo quiere incorporar realmente a su propia vida.